no tengo piel sobre la carne,
me envuelve un plástico.
los ojos han caído aplastados.
la gravedad en su punto culminante
ha apagado su fuerza.
volar, volar, volar.
no tengo ya sentimiento alguno.
me lleno de palabras arrastradas, barro,
polvo, ciénagas, miradas muertas.
quizá ante los demás doy la apariencia de ser alguien.
nadie sabe que ya no hay nada en mí.
no siento como envejezco,
aunque no reconozco a esa del espejo.
tal vez deba exprimir las gotas últimas de rocío
sobre estas raíces moribundas.
quizá renazcan. o quizás se apaguen antes.
hace un siglo crucé la línea
que dividía este tranvía en dos.
ya no soy dos, ni una dividida.
estoy oxiándome al sol con mi barriga de plomo
en un cementerio de hierro.
mi tumba está llena de babosas.
he de correr.
