Hoy me he despertado con una sensación dolorosa de autocompasión. Dormí bien anoche, no quise salir más. Estoy tan harta de esa rutina de sábados por la noche, envuelta en alcohol y humo de cigarrillos y pérdida de tiempo, demasiada pérdida de tiempo. Anoche preferí quedarme en mi casa, y leer al Marqués de Sade. Me masturbé tres veces con las esquinas del libro. Me sentí liberada, pero luego por la noche tuve varias pesadillas, en las cuales aparecía yo en una época pasada, y era una sicaria mal pagada. Por la mañana me desperté, empecé a estudiar, pero no pude concentrarme. Una sensación de disforia me invadió, y quise llorar, sin saber por qué. Entonces abrí nuevamente Filosofía en el Tocador, y tras leer unos cinco minutos, me invadió una desesperación atroz. Me suicidé por unas horas, y resucité aquí, en forma de este escrito.
O a lo mejor sigo muerta, y ni yo lo sé.
